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 Padre José María Robles Hurtado

 

 

 

 

Sus compañeros lo apodaron el loco del Sagrado Corazón. Un deseo vehemente por divulgar el amor de Dios a los hombres lo llevó a cultivar una espiritualidad centrada en el Sagrado Corazón de Jesús. Luego de haber sido ordenado presbítero en 1913, fundó en Nochistlán, Zacatecas, el Instituto de Religiosas Víctimas del Corazón Eucarístico de Jesús (hoy Hermanas del Corazón de Jesús Sacramentado).

 

Asimismo, encendió el entusiasmo y la devoción al Sagrado Corazón de Jesús entre los vecinos de Tecolotlán, a donde fue nombrado párroco en diciembre de 1920.

 

Ante la suspención del culto público, consagró su parroquia al Corazón de Jesús, colocando, como signo visible, una cruz en el promontorio conocido como La Loma.

 

Los agentes gobiernistas consideraron ese acto como un desafío y le tendieron un cerco.

 

A partir del 2 de enero de 1927 el Padre Robles se ocultó en el domicilio particular de la familia Agraz. Desde su refugio, se mantenía al tanto de la salud espiritual de sus feligreses y oraba intensamente por la paz en México.

 

Después del 26 de febrero de 1927, cuando se le comunicó que existía una orden de aprehensión contra los clérigos, sus amigos le suplicaron huir, pues aumentaron  las hostilidades en contra de los católicos; sin embargo no hizo caso de la recomedación.

 

En la madrugada del 25 de junio de 1927, cuando se disponía a celebrar la Misa, fue aprehendido por un nutrido contingente de soldados y se les ordenó que procedieran con todo rigor en contra del cura “rebelde”.

 

En cuanto los vecinos se enteraron del arresto de su párroco, agotaron las instancias legales para garantizarle la vida, sin resultados favorables. Por la noche, algunas damas intentaron hablar con él, pero tan sólo consiguieron que uno de los vigilantes les entregara el Brevario del Párroco, donde descubrieron este texto suyo, anticipo de su martirio:

 

“Quiero amar tu corazón

Jesús mío, con delirio;

quiero amarte con pasión,

quiero amarte hasta el Martirio...

con el alma te bendigo

Mi Sagrado Corazón;

dime: ¿Se llega el instante

de feliz y eterna unión?.

tiéndeme, Jesús, los brazos,

pues tu “pequeñito soy”;

de ellos, al seguro amparo,

a donde lo ordenes, voy...

al amparo de mi Madre

y de su cuenta corriendo

yo, su “pequeño” del alma

vuelvo a sus brazos sonriendo.

Un Padre, espera a sus hijos,

a todos, allá en el Cielo”.

 

La justicia federal le concedió un amparo dentro de la jurisdicción de la jurisdicción de Tecolotlán, por lo que se decidió quitarle la vida en los linderos de la municipalidad vecina, y durante la media noche, atado de manos, fue obligado a recorrer el camino de la sierra. Cuando llegaron a las inmediaciones del poblado de Quila y los agraristas se disponían a ejecutarlo, el Padre Robles pidió unos minutos y arrodillado hizo una última oración; al incorporarse bendijo su parroquia y en voz alta perdonó y bendijo a sus verdugos. A fin de evitar que se mancharan las manos con su muerte, él mismo tomó la soga, la bendijo, la besó y se la echó al cuello. El cadáver fue abandonado al pie del árbol y sepultado por empleados de una carbonera, quienes no identificaron al párroco.

El 26 de junio de 1932, con autorización del que fuera su condiscípulo en el Seminario, el entonces Obispo Auxiliar de Guadalajara, Don José Garibi Rivera, los restos del mártir pasaron de Quila al Templo Expiatorio de Guadalajara. Actualmente las reliquias de este apóstol del Sagrado Corazón de Jesús se veneran en el noviciado de las Hermanas del Corazón de Jesús Sacramentado en la ciudad de Guadalajara.

 

José María Robles fue hijo de Antonio Robles y Petronila Hurtado y nació el 3 de mayo de 1888, en Mascota, Jalisco.

 

 

 

 

ßREGRESARß

 

 

 

Fuente: Comisión Diocesana de Causas de Canonización.

Arquidiócesis de Guadalajara.

México.